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“La experiencia demuestra, y lo he comprobado personalmente, que cuando uno pone sólo el acento en conseguir logros del exterior y no cuida su vida interior, se vacía a sí mismo”, afirma con rotundidad Ramiro Calle. El pionero en España de la enseñanza del yoga, y autor de más de cien libros sobre filosofía oriental, bienestar y viajes, ha atendido a El Confidencial con motivo de la presentación de su última obra, El arte de aprender a vivir (Zenith), que ha escrito en colaboración con el periodista Pedro Riba.
En el libro ambos autores ofrecen herramientas para ser felices y trasmitir esa felicidad. ¿Otro libro más de autoayuda? A Calle, que lleva 21 años estudiando meditación, psicoanálisis y psicología oriental, la palabra le chirría, pero cree que es positivo que la gente empiece a preocuparse por estas cosas. “Con quince años empecé a investigar sobre el yoga en una época en la que el régimen no permitía que se hablara de cosas que no fueran la ideología oficial”, cuenta Calle. “Hace unos años era impensable que yo tuviera una página en La Vanguardia todos los sábados sobre estos temas, pero ahora esto está de moda. El ser humano se está empezando a dar cuenta de que el bienestar que decimos tener no es tal, al menos el que es un poco inteligente y no tiene una conciencia de lechuga. Nos hemos dado cuenta de que en lo profundo algo está fallando y necesitamos buscar un bienestar psicoespiritual, que hasta hace poco estaba olvidado”.
“El poder es lo peor que hay en el mundo”
Al contrario que otros gurús de la felicidad, Calle insiste en que, lo interior es decisivo, pero no podemos vivir al margen de lo que ocurre en el exterior. En su opinión, hay un mínimo de bienestar material, por detrás del cuál no tiene sentido hablar de felicidad, sino de justicia social: “A los pobres no se les puede dar espiritualidad, necesitan pan”.
En su opinión, “siempre que sea legítimo”, debemos buscar una mejora en nuestro confort, pero una vez tenemos alojamiento, comida y el suficiente bienestar material tenemos que evolucionar como seres humanos. Una evolución que, según Calle, es inexistente: “Si el hombre de hace 2000 años viajara a nuestro tiempo vería que hemos mejorado mucho en cuestiones técnicas pero que no ha habido el más mínimo progreso moral, sentimental o espiritual”.
Urge un cambio espiritual
Para que el ser humano cambie, y con él la sociedad, Calle cree necesario apostar por la espiritualidad, pero una espiritualidad diferente, que incluya a los practicantes de todas las religiones, los deístas, los agnósticos y los ateístas: “Estamos yendo hacia una nueva espiritualidad; una espiritualidad que abarca también al cuerpo, que la religión tradicionalmente había desvirtuado; una espiritualidad libre de dogmas. La espiritualidad debe servir de impulso para mejorar y sacar lo mejor de nosotros mismos, y en beneficio de los demás. Debemos quitar de nuestra mente las tres raíces de lo insano; la ofuscación, la avaricia y el odio. Mientras no cambiemos esto no hay nada que hacer, por eso han fracasado siempre los revolucionarios, porque intentaron cambiar la sociedad, sin cambiar su mente”.
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